Páginas

jueves, 23 de octubre de 2008

¿Somos distintos o no?





El diario de ella:

El sábado por la noche lo encontré raro. Habíamos quedado en encontrarnos en un bar para tomar un copa. Estuve toda la tarde de compras con unas amigas y pensé que era culpa mía porque llegué con un poco de retraso a mi cita, pero él no hizo ningún comentario
La conversación no era muy animada, así que le propuse ir a un lugar más íntimo para poder charlar más tranquilamente. Fuimos a un restaurante y él se seguía portado de forma extraña. Estaba como ausente. Intenté que se animara empecé a pensar si sería por culpa mía o por cualquier otra cosa.
Le pregunté y me dijo que no tenía que ver conmigo. Pero no me quedé muy convencida. En el camino para casa, en el coche, le dije que lo quería mucho y él se limitó a pasarme el brazo por los hombros, sin contestarme.

No sé cómo explicar su actitud, porque no me dijo que él también me quería, no dijo nada y yo estaba cada vez más preocupada.
Llegamos por fin a casa y en ese momento pensé que quería dejarme. Por eso intenté hacerle hablar, pero encendió la tele y se puso a mirarla con aire distante como haciéndome ver que todo había terminado entre nosotros. Por fin desistí y le dije que me iba a la cama. Más o menos diez minutos más tarde, él vino también y, para mi sorpresa, correspondió a mis caricias e hicimos el amor. Pero seguía teniendo un aire distraído.
Después quise afrontar la situación, hablar con él cuanto antes, pero se quedó dormido. Empecé llorar y lloré hasta quedarme adormecida. Ya no sé qué hacer
Estoy casi segura de que sus pensamientos están con otra. Mi vida es un auténtico desastre.

El diario de él:

El Betis perdió. Al menos eché un polvo.

viernes, 10 de octubre de 2008

NACIDA PARA SEDUCIR. Susan Elizabeth Phillips

Lo reconozco, hay pocos libros que me llenen tanto como un libro de SEP. Cuando lo empiezo sé que, salvo hecatombe mundial o que Susan haya perdido el rumbo, voy a reír, voy a llorar, voy a reflexionar y, sobre todo, no lo voy a poder soltar.

NACIDA PARA SEDUCIR no es una excepción. Reconozco que me ha gustado más que Cázame si puedes a pesar de que este último me encantó.

Ya el principio del libro es apoteósico. Un alarde de originalidad y saber hacer, ¿qué autora nos podría presentar a una de sus protagonistas dentro de un disfraz de castor y aún así arreglárselas para que el héroe —este heroe— quede medio encandilado por ella sin pretenderlo?
En ese alocado comienzo nos empieza a perfilar unos personajes imperfectos, como todos los de ella. Blue nos parece una chica insegura, incapaz de echar raíces, y siempre con la maleta a cuestas. Dean, por lo menos a mí, me parece un creído de tomo y lomo.

Tras unos capítulos en esas largas carreteras americanas que tanto usa SEP (Heaven, Texas; First Lady) los protagonistas llegan al escenario propiamente dicho del libro, y donde nos presenta a los demás protagonistas. Porque sí, en este libro son tan importantes los protagonistas como los secundarios. De hecho, la historia secundaria es la que más me ha gustado de todos los libros de ella que yo he leído (y ya son unos cuantos).

A partir de ahí, la acción va rodando ella sola. Se disfruta, se paladea, se goza. ¡Cuántos personajes, cuántas historias, cuántas risas! Qué manera de enlazar las escenas. Qué fina ironía. Qué manera de enseñar a reírse de uno mismo.

Nuestros protagonistas van madurando. Son capaces —todos, no sólo Dean y Blue—, de enfrentarse a sus propios fantasmas y temores y vencerlos sin que parezca que están haciendo algo extraordinario. Y asistimos, casi con envidia, a la edificación de unas nuevas relaciones —familiares, de pareja, de amistad—, que jamás habríamos soñado al comienzo del libro.

Vamos, es un libro redondo. No se le puede poner ni un solo pero. En definitiva, una gozada. Obra maestra.
Un diez.