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miércoles, 21 de enero de 2009

El mar

Si de algo pecamos los habitantes de La Coruña es de pensar que vivimos en la ciudad más bonita del mundo. Sabemos, por supuesto, que no es cierto, pero nosotros la sentimos así.


Es una ciudad preciosa, de eso no cabe duda, pero como tantas otras del norte de España.
Si tuviera que destacar una sola cosa de ella, sería, sin lugar a dudas, el mar. De hecho, creo que me resultaría imposible vivir en una ciudad en la que no pudiera sentir el mar. En Coruña, el mar se ve desde todos los puntos, es una presencia constante, no en vano es una pequeña península que se adentra mar adentro, y no tenemos, como otras ciudades marítimas, una única fachada al él. Y lo oímos en sus calles, las olas, las rompientes...


La mayoría de los turistas vienen aquí en verano, cuando la ciudad está acicalada y luce el sol, pero igual que Santiago hay que visitarlo cuando llueve, a La Coruña hay que ir cuando hay temporal.


Ponerse frente a la playa de Riazor y sentir el viento salobre y gélido en la cara es una experiencia que se puede vivir muchas veces. Pero ver desde el Paseo Marítimo como las olas levantan por encima de tu cabeza, y sentir, a pesar de romper a más de cincuenta metros, su espuma sobre ti, ya es más extraño. Todos los inviernos tenemos dos o tres temporales. Todos los años, parece como si el mar sintiera envidia y quisiera robar un poco de Coruña para sí, es entonces cuando rompe la barandilla del paseo e inunda la calzada llevándose todo lo que encuentra por delante.
Ved el video, dura sólo 9 segundos. Esa ola fue la más fuerte del invierno pasado.


Para que veáis cómo es en realidad la distancia cuando no hay temporal, podéis ver esta foto.




viernes, 9 de enero de 2009

La primera entrada del año


La primera entrada del año debería estar envuelta en ese espíritu de buen rollo que nos rodea a todos en navidad. Y ésa es la intención, si luego sale otra cosa, que sepáis que no ha sido a propósito.

Por un lado estaba deseando que acabaran las fiestas... y comentándolo con amig@s, estaba todo el mundo igual. Está claro que estas fiestas son especialmente para los niños. Son ellos los que alucinan con las luces de las ciudades, con las cabalgatas de los reyes Magos, con lo que aparece bajo el árbol el día 6, que te piden que les cuentes esa historia tan bonita de cuándo nació Jesús... A nosotros, los adultos, nos sirven para pensar -por lo menos una vez al año- en los demás, a veces por el espíritu consumista y otras por el espíritu navideño.

Muchas veces hacemos cosas, que no haríamos ni de coña en otra situación. No me quiero acordar de la carrerita que nos dimos detrás de la cabalgata cuando llegamos tarde para que Santi viera a los Reyes. Y valió la pena, la cara que puso cuando llegamos a la Plaza de María Pita a tiempo de verlos bajar de las carrozas recibidos por el alcalde, y luego salir al balcón para dirigirse a los niños, como dicen los de MasterCard, no tiene precio.

Quizá lo mejor es plantearse que la navidad es para verla a través de los ojos de un niño. Recrearte en ella y paladearla a placer.
Y nunca, jamás, perder la ilusión.

-Eh...
-Sí, vosotros...
-Venga, decidme... ¿qué os han traído los Reyes?

Besos