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domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Por qué me gusta SEP?


Hace unos días planteaban esta cuestión en el foro de Autoras en la Sombra y ésta es mi respuesta:


¿Por qué me gusta SEP?


Hum, llevo días dándole vueltas a la pregunta (si soy honrada con vosotras desde que se publicó este post). No sé si llegaré a definir bien por qué me gusta tanto, pero lo voy a intentar.
No me gusta porque me haga reír, aunque Dios sabe lo mucho que se lo agradezco algunos días.
No me gusta porque me haga llorar, porque hace que me de cuenta de lo fácil que es conmoverme con un libro bien escrito (y de lo blandengue que soy en el fondo).
No me gusta porque me ponga la piel de gallina en ocasiones, pero lo ha conseguido con todos sus libros.
No me gusta porque sus héroes estén buenos, pero —para qué negarlo— se lo agradezco infinito.
No me gusta porque sus chicas sean luchadoras, decididas, dulces y casi siempre tengan las cosas claras, porque pone en evidencia lo indecisa que soy yo y lo mucho que las envidio.
No me gusta porque se reinvente a si misma una y otra vez, sin repetir argumentos y atrapándote en cada una de sus historias, pues con eso sólo consigue que me sumerja en sus libros de tal manera que, mientras las estoy leyendo, mi marido amenace con divorciarse por lo menos un par de veces (al día).
No me gusta porque pueda releer sus libros una y otra vez, descubriendo, en cada una de esas ocasiones, algo nuevo, intrigante y revelador que se me había pasado por alto en lecturas anteriores, pero no puedo negar que a la larga sus libros son los que más baratos me han salido (la pela es la pela).
No me gusta porque sus diálogos sean chispeantes, inteligentes y divertidos, porque sé lo mucho que cuesta conseguir ese resultado y que, en consecuencia, escribe muy despacio.
No me gusta porque lea el argumento de sus libros y piense «esta vez SEP la ha cagado, esto no lo salva ni ella», y aun así consiga dar una vuelta de tuerca, hacerme creer todo lo que allí pone y llevarme a la conclusión final de que el amor es lo único que salvara al mundo y a sus ocupantes ¬¬, pero debo reconocer que lo hace siempre y ¡qué bonita idea! ¿verdad? :X
Definitivamente no me gusta tener tanta fe en ella, si algún día no consigue todas las cosas que enumero anteriormente, el batacazo será terrible, pero eso es imposible que suceda ¿a qué sí? :P
En resumen, no me gusta por cada una de esas cosas, pero sí por todas ellas.
Ahhhh, y… ¡¡¡No me gusta que no publiquen de una vez todos los libros que faltan por publicar en castellano; no, definitivamente eso no me gusta nada (pero de eso no tiene la culpa ella)!!!
(Espero que SEP perdone el burdo homenaje que intento hacer al exponer de esta manera —leed el final de Toscana para dos— mi rendición total y absoluta a sus libros, a sus argumentos, a sus protagonistas y a su envolvente y emotiva manera de escribir)
Besitos,

martes, 17 de marzo de 2009

Jueves

Una que no se entera de nada, oyó esta canción en la radio esta semana por primera vez, supongo que ya tiene unos meses, pero para mí es nueva.
Me ha puesto los pelos de punta...
Oídla hasta el final.


miércoles, 21 de enero de 2009

El mar

Si de algo pecamos los habitantes de La Coruña es de pensar que vivimos en la ciudad más bonita del mundo. Sabemos, por supuesto, que no es cierto, pero nosotros la sentimos así.


Es una ciudad preciosa, de eso no cabe duda, pero como tantas otras del norte de España.
Si tuviera que destacar una sola cosa de ella, sería, sin lugar a dudas, el mar. De hecho, creo que me resultaría imposible vivir en una ciudad en la que no pudiera sentir el mar. En Coruña, el mar se ve desde todos los puntos, es una presencia constante, no en vano es una pequeña península que se adentra mar adentro, y no tenemos, como otras ciudades marítimas, una única fachada al él. Y lo oímos en sus calles, las olas, las rompientes...


La mayoría de los turistas vienen aquí en verano, cuando la ciudad está acicalada y luce el sol, pero igual que Santiago hay que visitarlo cuando llueve, a La Coruña hay que ir cuando hay temporal.


Ponerse frente a la playa de Riazor y sentir el viento salobre y gélido en la cara es una experiencia que se puede vivir muchas veces. Pero ver desde el Paseo Marítimo como las olas levantan por encima de tu cabeza, y sentir, a pesar de romper a más de cincuenta metros, su espuma sobre ti, ya es más extraño. Todos los inviernos tenemos dos o tres temporales. Todos los años, parece como si el mar sintiera envidia y quisiera robar un poco de Coruña para sí, es entonces cuando rompe la barandilla del paseo e inunda la calzada llevándose todo lo que encuentra por delante.
Ved el video, dura sólo 9 segundos. Esa ola fue la más fuerte del invierno pasado.


Para que veáis cómo es en realidad la distancia cuando no hay temporal, podéis ver esta foto.




viernes, 9 de enero de 2009

La primera entrada del año


La primera entrada del año debería estar envuelta en ese espíritu de buen rollo que nos rodea a todos en navidad. Y ésa es la intención, si luego sale otra cosa, que sepáis que no ha sido a propósito.

Por un lado estaba deseando que acabaran las fiestas... y comentándolo con amig@s, estaba todo el mundo igual. Está claro que estas fiestas son especialmente para los niños. Son ellos los que alucinan con las luces de las ciudades, con las cabalgatas de los reyes Magos, con lo que aparece bajo el árbol el día 6, que te piden que les cuentes esa historia tan bonita de cuándo nació Jesús... A nosotros, los adultos, nos sirven para pensar -por lo menos una vez al año- en los demás, a veces por el espíritu consumista y otras por el espíritu navideño.

Muchas veces hacemos cosas, que no haríamos ni de coña en otra situación. No me quiero acordar de la carrerita que nos dimos detrás de la cabalgata cuando llegamos tarde para que Santi viera a los Reyes. Y valió la pena, la cara que puso cuando llegamos a la Plaza de María Pita a tiempo de verlos bajar de las carrozas recibidos por el alcalde, y luego salir al balcón para dirigirse a los niños, como dicen los de MasterCard, no tiene precio.

Quizá lo mejor es plantearse que la navidad es para verla a través de los ojos de un niño. Recrearte en ella y paladearla a placer.
Y nunca, jamás, perder la ilusión.

-Eh...
-Sí, vosotros...
-Venga, decidme... ¿qué os han traído los Reyes?

Besos

jueves, 23 de octubre de 2008

¿Somos distintos o no?





El diario de ella:

El sábado por la noche lo encontré raro. Habíamos quedado en encontrarnos en un bar para tomar un copa. Estuve toda la tarde de compras con unas amigas y pensé que era culpa mía porque llegué con un poco de retraso a mi cita, pero él no hizo ningún comentario
La conversación no era muy animada, así que le propuse ir a un lugar más íntimo para poder charlar más tranquilamente. Fuimos a un restaurante y él se seguía portado de forma extraña. Estaba como ausente. Intenté que se animara empecé a pensar si sería por culpa mía o por cualquier otra cosa.
Le pregunté y me dijo que no tenía que ver conmigo. Pero no me quedé muy convencida. En el camino para casa, en el coche, le dije que lo quería mucho y él se limitó a pasarme el brazo por los hombros, sin contestarme.

No sé cómo explicar su actitud, porque no me dijo que él también me quería, no dijo nada y yo estaba cada vez más preocupada.
Llegamos por fin a casa y en ese momento pensé que quería dejarme. Por eso intenté hacerle hablar, pero encendió la tele y se puso a mirarla con aire distante como haciéndome ver que todo había terminado entre nosotros. Por fin desistí y le dije que me iba a la cama. Más o menos diez minutos más tarde, él vino también y, para mi sorpresa, correspondió a mis caricias e hicimos el amor. Pero seguía teniendo un aire distraído.
Después quise afrontar la situación, hablar con él cuanto antes, pero se quedó dormido. Empecé llorar y lloré hasta quedarme adormecida. Ya no sé qué hacer
Estoy casi segura de que sus pensamientos están con otra. Mi vida es un auténtico desastre.

El diario de él:

El Betis perdió. Al menos eché un polvo.